Se supone que mi tipo de personalidad es de alguien que mantiene un conflicto interno pero mi conflicto es una eterna batalla entre aquello que considero bueno y aquello que considero malo.
Ambos deben existir porque si uno hace sólo el bien, de poco a poco se construye un camino de desgracia, facilitarle las cosas a todos, dar sin esperar nada a cambio, tener piedad y lastima por otros, en fin el altruismo no es del todo bueno porque te hace olvidar el mundo en el que vivimos, un mundo lleno de egoísmo, odio e ignorancia.
En cambio si se hace sólo el mal viene la falta de misericordia por otros, la falta de empatia que puede llevar a actos donde le hariamos daño a otros y a nostros no nos importaría, sólo nos preocupariamos por nostros.
Y debemos tener un balance con ambos, porque somos una especie social, requerimos de otros y ellos de nosotros para sobrevivir y mejorar nuestras condiciones de vida, debemos aprender a dar y saber cuando algo nos dara algo a cambio en algún momento, aunque cabe decir que ser altruista de vez en cuando no lastima a nadie, tenemos también saber a quiénes no darles nuestra atención y simpatía, hacerlos a un lado si sólo nos traeran desgracia a nuestras vidas, necesitamos un alma balanceada en aquello bueno y malo para llegar al ideal modelo del OPORTUNISTA, una persona que sabe aprovechar los recursos a su alrededor para el bien mutuo.
Pero yo no soy así, yo tomé todo lo que no se debe tomar de ambos y vivo en una horrible mezcla de sentimientos que carcomen mi alma cada segundo de mi vida y me causan siempre dolor, un dolor tan profundo que lentamente me quita ganas de vivir.
Pero. ¿Por qué se debe esto? Desde que tengo memoria mi alma ha sido consciente de dos cosas muy importantes, vitales y sobre las cuales gira mi vida, son mi motor, mis razones de existir.
La primera es el amor, el pináculo de las emociones humanas, la más fuerte, la más honesta, la más hermosa pero también la más traicionera.
Desde que gané consciencia de este mundo he deseado vivir esta sensación, primero me la dió mi madre, mi padre, mis abuelos, mi hermana, mi familia luego mis amigos, después esta sensación se convirtió en mi perdición, en mi droga, la droga con la que tengo una adicción y que sé que algún día reclamara mi vida por haber pecado.
El amor entre dos amantes, el amor más puro, más apasionado, más honesto y el más doloroso, más trágico, más intenso, aquella manera de amar y no tenerla es algo que me desgarra el alma a pedazos, lo deseo con toda mi alma y no sé si sólo por la sensación, yo no... amo en vano, mis sentimientos me gobernan, yo lo hago de la manera más profunda entregando todo de mí sin titubear, no tengo miedo en entregar mi roto corazón si es que al fin obtendré aquello que anhelo.
El segundo principio de mi vida, es un dolor primigenio, un increíble dolor que me consume mientras escribo esto, desde tiempos inmemorables me ha castigado y la razón de este dolor... no es desconocida para mí pero tampoco puedo darla con presicion, simplemente hay muchas razones y siempre siguen siendo añadidas, pero de entre ellas resalta el hecho de que la vida humana carece de sentido completamente, mi vida carece de uno y es increíblemente minúscula y poco importante para el resto del universo y cuando llegue el dulce momento del fin, todo habrá sido en vano pues no hay ninguna manera de que yo sepa que sigue después o que pueda obtener información del mundo que dejé, no me llevo nada conmigo ni siquiera la capacidad de la consciencia.
Estos dos pilares conforman mi vida y juntos crean... algo siniestro, muy macabro, el veneno ideal para darle a alguien como una venganza, la peor manera para morir... pero a la vez crean algo hermoso, un caleidoscopio increíble y lleno de colores y tonos inexplicables, una bella sensación llena de intensos sentimientos.
Una tragedia hermosa.
Esta es mi tragedia, de como el amor para mí debe de doler para existir, de como para el universo esas emociones hermosas no son nada y de como mi sanidad mental y emocional son consumidas por este adictivo veneno.
Letalmente hermoso..., no puedo negar que disfruto mi penitencia, pero también debo decir que no es algo que NINGÚN ser humano merezca, ni siquiera yo, por más hermoso que sea la mente humana y el cuerpo son débiles y no soportan tanto castigo. Me estoy cansando.
Ambos pilares de mi vida toman lo peor de lo bueno y lo malo, por supuesto que soy altruista al extremo de dejar de importarme lo cuál me lleva a la falta de misericordia, por mí, mi aprecio por mi vida llega al grado que mi mayor deseo ahorita mismo es entrar en un campo de guerra y luchar por mi vida y morir luchando.
El balance no existe en mí, ambos lados se están manifestando al mismo tiempo, no lo hacen en balance, si hay luz, hay oscuridad al mismo tiempo, no se anulan, existen al mismo tiempo y de la manera más intensa que se puede medir.
De tal manera ambos motores continúan a alimentar el monstruo en el que me he convertido y aquellos pilares de mi creación crecen entrelazados.
Amo mi dolor.
Me duele amar.
No puede haber amor sin tragedia.
¿A eso me ha condenado este maldito universo?
Intentar salir de esta singularidad me ha sido imposible, oh creerme, lo he intentado tantas veces, demasiadas sólo para caer con más velocidad en este vacío y con más dolor del que cargaba.
Ni siquiera debería seguir intentándolo, todo siempre sale mal, tendré esta condena para siempre, dudo que pueda librarme de esto en este y cualquier otro universo alterno, cualquier otra línea de tiempo, en cualquier vida.
La vida, me quiere ver siempre sufrir hasta que me rinda a sus pies.
Es mi única manera de ganar este brutal e inhumano juego, rindiendome y suplicar por misericordia.
Esta noche, mi alma sangra y mi corazón llora mientras mi mente divaga en contra de la razón.
Y en el papel viejo, con mi pluma escribo usando de tinta aquello que derrama mi dolor y escribo con todo el amor del mundo.
En un último grito, pido la salvación, extiendo mi mano y espero que alguien me tome.
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